Precordillera

  

Horizonte claro, inefable, divino,

enmarcado por el rostro curtido de la ladera.

Traza el agua su memoria en la piel de bronce,

embriagando de blancos las sienes.

Las miradas de gigantes vigilantes

se encuentran en el ocaso de la vertiente.

Al final el azul descansa atardecido

Y el brillo destiñe los detalles de su sombra.

Se desvanece el azul en las miradas

hasta fundirse en el agua de lo alto.

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